Más allá de la participación, la inclusión femenina genera impacto real y define la sostenibilidad minera
6 de mayo de 2026

Más allá de la participación, la inclusión femenina genera impacto real y define la sostenibilidad minera

Aunque la presencia de mujeres en el sector minero viene en aumento, persisten brechas estructurales en ingresos, acceso a oportunidades y desarrollo en las regiones donde opera la actividad, indicó el PNUD.

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Lima, 06 de mayo de 2026.  En un contexto en el que la minería sigue siendo uno de los principales motores económicos del país, Denise Ledgard, oficial de Gobernabilidad Democrática en PNUD Perú, planteó en proEXPLO 2026 una pregunta de fondo: ¿el crecimiento del sector realmente está generando desarrollo en los territorios? Su respuesta apuntó a un factor clave —la inclusión femenina— y, sobre todo, a cómo se mide su impacto en la reducción de brechas y la sostenibilidad.

Medir para transformar el crecimiento en desarrollo

A lo largo de su intervención, Ledgard fue hilando una idea central: el crecimiento económico no basta. Puede haber más inversión, más producción y más actividad, pero si ese dinamismo no se traduce en mejores condiciones de vida, el desarrollo seguirá siendo una promesa pendiente.

En ese punto, introdujo un elemento que suele pasar desapercibido: la medición. “Lo que no se mide, no se gestiona; y lo que no se gestiona, no se transforma”, afirmó, marcando el tono de su exposición. Bajo esa lógica, los indicadores de género dejan de ser cifras accesorias y pasan a ser una herramienta concreta para entender si la minería está generando valor sostenible en los territorios donde opera.

Así, explicó que medir la participación de las mujeres no debería limitarse a contar cuántas están en el sector, sino a evaluar qué tan profunda es su integración y qué efectos tiene en la gobernanza, en la confianza con las comunidades y en la sostenibilidad del negocio.

Sin embargo, la realidad muestra una paradoja evidente. Aunque existen avances —impulsados por el Estado, organismos internacionales y empresas—, las brechas persisten. La desigualdad salarial alcanza el 27.2% a nivel nacional y se profundiza en regiones como Arequipa, Moquegua y Cajamarca. La paradoja  es que estos territorios concentran una alta actividad e inversión minera, pero al mismo tiempo registran menores niveles de desarrollo humano. Es decir, allí donde más crece la minería, no necesariamente se están cerrando las brechas, lo que evidencia que el crecimiento económico no se está traduciendo en desarrollo sostenible.

De la participación al impacto: inclusión que genera valor y legitimidad

Es ahí donde la reflexión se vuelve más crítica. Para Ledgard, no se trata solo de sumar más mujeres al sector, sino de entender si su participación está generando cambios reales. ¿Mejoran sus ingresos? ¿Participan en decisiones? ¿Influyen en los acuerdos que definen el rumbo de sus territorios?

La evidencia sugiere que sí hay un impacto cuando esa participación es efectiva. En espacios de diálogo, por ejemplo, la presencia de mujeres aumenta la probabilidad de alcanzar acuerdos, fortaleciendo la confianza y reduciendo la conflictividad, un factor que suele frenar el desarrollo de proyectos mineros.

A partir de ello, planteó la necesidad de mirar la inclusión desde una perspectiva más amplia, evaluando dimensiones como la gobernanza, la trayectoria laboral, la cadena de valor y la seguridad. Este último punto, advirtió, es determinante: sin entornos seguros y mecanismos efectivos de protección, no es posible hablar de sostenibilidad.

En paralelo, destacó experiencias que ya están marcando una diferencia en el territorio, como los programas de monitoreo ambiental con participación femenina o las redes de mujeres mediadoras de paz. Iniciativas que no solo generan capacidades, sino que también construyen legitimidad social y posicionan a las mujeres como actoras clave en la gestión del desarrollo local.

Así, más que una tendencia, la inclusión femenina se perfila como un indicador del tipo de minería que se está construyendo. Una minería que ya no será evaluada únicamente por lo que produce, sino por el valor sostenible que es capaz de generar en los territorios donde opera. En esa línea, la inclusión deja de ser un complemento para convertirse en un criterio central que define a la minería del futuro.